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HABITACIÓN Nº 39

La Habitación Nº 39 es una de las estancias más singulares del Hotel-Monasterio de Rocamador, pues uno de los muros de su interior, concretamente en el que actúa en la actualidad como cabecero, alberga un fresco original (s. XVIII). Gracias a ese fresco podemos conocer al fraile que habitó esa antigua celda hoy transformada en la habitación Nº 39.

«DESCUBRE EL LEGADO DEL BEATO JUAN DE PRADO EN LA HABITACIÓN Nº 39»

Se trataba del beato Juan de Prado (Morgovejo, 1563 – Marrakech, 1631), estudió en Salamanca, hasta que vistió el hábito franciscano en Rocamador, a la edad de 21 años, tras su ordenación como sacerdote, se dedicó a la vida de oración y penitencia ejerciendo un intenso apostolado. De Prado fue un sacerdote que poseyó una buena preparación académica, hecho que le hizo participar en la defensa del Dogma de la Inmaculada Concepción en sintonía con la escuela franciscana. También, sintió interés por la evangelización en Nuevo Mundo, a pesar de que por diversos motivos no pudo viajar hasta la Isla de Guadalupe, como tenía planeado.

El beato si viajaría hasta Marruecos, tras obtener salvoconducto y licencia del sultán Abd al-Malik. A su llegada a Marruecos conoció la noticia de la muerte del mencionado sultán, sucediendo el sultán Mulaj al-Walid, quien al contrario que su hermano era un tirano, que estaba en contra de todo aquel que profesaba el catolicismo. Tras varios intentos por parte del sultán de que Juan de Prado desistiera de su fe y tras un último intento, en el que el beato llamó al sultán “tirano”, éste último asestó su alfiz (puñal) en la cabeza de Juan de Prado. Siendo ese preciso momento el que la iconografía cristiana emplea para representar al beato.

En el fresco de la Habitación Nº 39 vemos al beato Juan de Prado plasmado tal como la iconografía cristiana dicta que el beato sea interpretado (le vemos vestido con su hábito de la Orden de los Hermanos Menores Descalzos, pudiendo observar además, cómo su cabeza es atravesada por el alfiz con el que el sultán acabó con su vida). A la izquierda de este, se sitúa San José con el niño en brazos y a su derecha San Juan Evangelista, ambos santos representan la misión evangelizadora, tarea que el beato intentó obrar en Marruecos siendo sacrificado.

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